Septiembre es un mes cargado de simbolismos para la vida pública del país. En Querétaro (y en toda la República) se acumulan los informes de gestión de presidentes municipales, diputados y del propio gobernador Mauricio Kuri. La ley sólo concede un par de semanas para que las autoridades puedan difundir su nombre y rostro junto a los logros de su último año de trabajo. En condiciones normales, esto se traduciría en actos masivos, plazas llenas y mensajes políticos en clave de proyección electoral.
Pero este 2025 la naturaleza impuso su propio guion. Las lluvias torrenciales que azotaron al estado provocaron inundaciones, daños patrimoniales y familias damnificadas. Ante esta realidad, tanto el gobernador como varios munícipes de la zona conurbada decidieron suspender los eventos multitudinarios, reasignando los recursos a la atención de los afectados. Un gesto de responsabilidad que, más allá de la coyuntura, debería marcar la pauta de lo que la ciudadanía espera: autoridades que respondan con hechos, no con discursos.
Sin embargo, la lógica política no se detiene. Los tiempos de exposición mediática se aprovechan, aunque sea en formatos más discretos, para que cada nivel de gobierno difunda sus resultados. El ciudadano atento sabe distinguir entre la propaganda y la acción concreta; por ello, la exigencia de rendición de cuentas se mantiene viva y vigente.
Al mismo tiempo, septiembre no sólo nos recuerda los informes oficiales ni las conmemoraciones patrias. Este mes también destapó un escándalo mayúsculo: el llamado “huachicol fiscal”. Se trata del mayor desfalco al erario público en la historia reciente, calculado en 170 mil millones de pesos anuales, operado con factureras y redes de complicidad que alcanzan a altos mandos del sexenio anterior, el de Andrés Manuel López Obrador. Aquel gobierno que se presentó como adalid contra la corrupción hoy exhibe el involucramiento de personajes cercanos al exmandatario.
La paradoja no puede ser más clara: mientras los gobiernos locales ajustan agendas y presupuestos para responder a emergencias naturales, el país en su conjunto enfrenta las secuelas de un saqueo monumental, solapado por quienes prometieron honestidad como estandarte.
Septiembre es el mes de la Patria, de recordar a los héroes que nos dieron libertad, pero también se convierte en un recordatorio incómodo: México no será verdaderamente libre mientras la corrupción siga siendo la norma en las altas esferas del poder.
El reto para los queretanos y para todo el país es doble: exigir cuentas claras de los gobernantes actuales y no olvidar las lecciones del pasado inmediato. Porque el patriotismo no se mide en fiestas ni en discursos, sino en la defensa de la legalidad y la justicia.



