La fallida reforma electoral impulsada por la presidenta de la República dejó al descubierto una realidad incómoda incluso para el oficialismo: sus propios aliados, el PVEM y el PT, no estuvieron dispuestos a sacrificar privilegios clave como el financiamiento público y las posiciones plurinominales. Más allá del discurso, la política sigue siendo, para muchos, un espacio de intereses antes que de convicciones.
Sin embargo, el revés legislativo no ha significado un cambio de rumbo. Por el contrario, desde Morena se perfila un nuevo intento mediante el llamado “Plan B”, una ruta que, sin requerir mayoría calificada, podría avanzar con reformas legales que, en los hechos, continúan debilitando los contrapesos del sistema democrático. La insistencia no es menor: revela una estrategia sostenida para concentrar poder y reducir los márgenes de competencia electoral.
En paralelo, el escenario político comienza a moverse con claridad rumbo a la elección intermedia de 2027, donde estarán en juego 17 gubernaturas y la renovación de la Cámara de Diputados. Los partidos han comenzado a tomar posiciones, conscientes de que el tiempo político ya corre.
El PRI fue el primero en dar señales al presentar a los llamados “Defensores de México”, perfiles que, en muchos casos, anticipan posibles candidaturas. Nombres como Adrián de la Garza, en Nuevo León, y Tony Meléndez, en Chihuahua, evidencian que el tricolor aún conserva bastiones y perfiles competitivos, especialmente en regiones donde su estructura territorial sigue vigente.
En Querétaro, el PRI ha perfilado cinco cartas. Si decide competir en solitario, es previsible que de ese grupo surja quien encabece la candidatura a la gubernatura, en un intento por reposicionarse en un estado donde ha perdido terreno en las últimas décadas.
Por su parte, el PAN también movió fichas al anunciar a los “Defensores de la Patria” y, de manera significativa, abrir el 100 por ciento de sus candidaturas a la ciudadanía. Este planteamiento, basado en encuestas y posicionamiento, busca proyectar un contraste frente al control centralizado que caracteriza al oficialismo, aunque su efectividad dependerá de la transparencia en los procesos internos.
Morena, en tanto, confirmó que será a partir de junio cuando comience la definición de sus coordinadores de defensa de la llamada cuarta transformación, figuras que, en la práctica, se convertirán en candidatos. El método no es nuevo, pero sí reiterativo: una estructura paralela que adelanta los tiempos electorales bajo una narrativa política.
En el ámbito local, los nombres comienzan a consolidarse. Agustín Dorantes, Chepe Guerrero, Felifer Macías y Luis Nava se mantienen como actores relevantes en el tablero queretano, en espera de las definiciones nacionales y del pulso de las encuestas.
Del lado de Morena, la baraja crece día con día, pero también lo hacen las tensiones internas. La ausencia de reglas claras y la multiplicidad de aspirantes anticipan posibles fracturas en el momento de la decisión final.
Así, entre intentos de reforma que amenazan el equilibrio democrático y una carrera electoral que ya inició de facto, el país se encamina hacia un proceso donde no sólo estarán en juego cargos públicos, sino la viabilidad misma de las instituciones. El 2027, en efecto, ya comenzó.


