Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado en los últimos días su presión política sobre el gobierno de Cuba, al afirmar que el régimen comunista de la isla “está en sus últimos momentos” y debe negociar un acuerdo con Washington para evitar consecuencias mayores.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión regional tras la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, hecho que, según el propio Trump, debilitó de manera decisiva al gobierno cubano al privarlo de uno de sus principales apoyos económicos. Desde entonces, el mandatario estadounidense ha insistido en que La Habana enfrenta una crisis estructural que podría precipitar cambios políticos.
Durante la presentación en Miami de la nueva alianza regional denominada “Escudo de las Américas”, una coalición de 13 países latinoamericanos con gobiernos afines a Washington, Trump afirmó que, así como ocurrió una “transformación histórica en Venezuela”, su administración espera cambios significativos en Cuba en el corto plazo. “La isla está en sus últimos momentos de vida tal como es ahora. Tendrá una nueva vida, pero lo que existe hoy está llegando a su fin”, sostuvo.
El mandatario también confirmó que existen contactos para explorar una eventual negociación con el gobierno cubano, conversaciones encabezadas por el secretario de Estado, Marco Rubio, político de origen cubano y uno de los críticos más firmes del régimen castrista dentro del Partido Republicano. Según reportes de medios estadounidenses, en dichas conversaciones participaría Raúl Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.
Trump ha señalado que no contempla, por ahora, una intervención militar directa para provocar un cambio de régimen. En cambio, ha apostado por una combinación de presión económica, sanciones y aislamiento político. Parte de esa estrategia incluye haber forzado el retiro del apoyo económico venezolano a la isla y advertir sanciones contra gobiernos que continúen suministrando petróleo a Cuba.
Paralelamente, Washington ha comenzado a dar pasos que podrían abrir una vía económica gradual hacia el sector privado cubano. Desde el 25 de febrero, el gobierno estadounidense permite que combustibles como el diésel de origen estadounidense puedan ser suministrados a empresas privadas en la isla, pese al embargo que se mantiene desde hace más de seis décadas.
En el ámbito judicial, el Departamento de Justicia de Estados Unidos creó un grupo de trabajo para investigar posibles cargos federales contra funcionarios o entidades vinculadas al gobierno cubano. La estrategia recuerda la aplicada previamente contra dirigentes venezolanos, a quienes Washington acusó de colaborar con organizaciones criminales internacionales vinculadas al narcotráfico.
Mientras tanto, algunos aliados regionales de Estados Unidos han endurecido su postura frente a La Habana. El gobierno de Ecuador, encabezado por Daniel Noboa, anunció recientemente la expulsión de la misión diplomática cubana en Quito tras acusaciones de espionaje, en paralelo a operaciones conjuntas con fuerzas estadounidenses contra el llamado “narcoterrorismo”.
Pese a la retórica firme, Trump ha señalado que su prioridad inmediata continúa siendo el conflicto con Irán. “He puesto a Marco Rubio a trabajar en el tema de Cuba, pero primero resolveremos lo de Irán”, afirmó durante un encuentro en la Casa Blanca con empresarios y legisladores republicanos vinculados a la comunidad cubana en Florida.
Aun así, el mandatario insistió en que el cambio político en la isla sería inevitable y que muchos exiliados podrían regresar en el futuro. “Será cuestión de tiempo antes de que mucha gente increíble vuelva a Cuba”, declaró, en un mensaje dirigido a la comunidad cubana en Estados Unidos.






