Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este jueves 29 de enero una orden ejecutiva mediante la cual su gobierno podría imponer aranceles adicionales a los países que vendan o suministren petróleo a Cuba, como parte de una nueva escalada en la política de presión económica contra la isla caribeña.
A través de un comunicado oficial, la Casa Blanca informó que la medida se sustenta en la declaración de una “emergencia nacional”, al considerar que el régimen cubano representa una “amenaza excepcional” para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. El decreto autoriza la aplicación de aranceles “ad valorem” –es decir, en función del valor de los productos– a las importaciones provenientes de cualquier país que, directa o indirectamente, provea petróleo a la isla.
El documento señala que la orden faculta a los secretarios de Estado y de Comercio a emitir las reglas necesarias para implementar el esquema arancelario, así como a ajustar o suspender la medida si Cuba o los países involucrados adoptan acciones que se alineen con los intereses estratégicos de Washington.
En el texto, la administración Trump acusa al gobierno de Cuba, encabezado por Miguel Díaz-Canel, de mantener “políticas malignas” y de actuar como un factor de inestabilidad regional. Entre los señalamientos, se menciona su presunta colaboración con actores hostiles a Estados Unidos, el alojamiento de infraestructura de inteligencia extranjera y el respaldo a organizaciones consideradas terroristas por Washington.
La Casa Blanca sostiene que el régimen comunista cubano ha servido como plataforma para operaciones de inteligencia de potencias adversarias y ha brindado refugio a grupos radicales, lo que, a juicio del gobierno estadounidense, justifica el endurecimiento embargo económico y comercial vigente desde hace décadas.
El comunicado también recuerda que durante su primer mandato, Trump revirtió el acercamiento impulsado por la administración de Barack Obama, al considerar que dicho proceso otorgó concesiones unilaterales sin exigir reformas democráticas ni mejoras sustantivas en las condiciones de vida del pueblo cubano. En esa misma línea, se mencionan restricciones migratorias y de viaje impuestas en años recientes como parte de una política de mayor firmeza frente al régimen de La Habana.
Con esta nueva orden ejecutiva, el gobierno de Estados Unidos refuerza su postura contra el comunismo en el hemisferio occidental y envía un mensaje directo a los países que mantienen relaciones energéticas con Cuba, advirtiendo que podrían enfrentar consecuencias comerciales si continúan respaldando a un régimen al que Washington acusa de violar derechos humanos y socavar la estabilidad regional.






