Washington, D.C. La histórica misión Artemis II completó una de sus fases más delicadas con el regreso seguro de su tripulación a la Tierra, luego de un viaje que llevó a sus cuatro astronautas más lejos de lo que cualquier ser humano había llegado antes. La cápsula Orión amerizó a las 8:07 de la noche, hora del este de Estados Unidos, en el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, en una maniobra que la NASA calificó como impecable.
Durante la transmisión en vivo del descenso, la agencia espacial confirmó que el amerizaje se realizó conforme a lo previsto y reportó que los cuatro tripulantes se encontraban en excelente condición física, tras completar con éxito una de las maniobras más complejas y riesgosas de toda la misión.
En su última jornada completa en el espacio, la tripulación se preparó para el regreso repasando los protocolos de reentrada y amerizaje, además de colocarse prendas de compresión diseñadas para reducir los efectos del retorno a la gravedad terrestre. Unos 20 minutos antes del ingreso a la atmósfera, el módulo de tripulación se separó del módulo de servicio, mientras la cápsula giró para colocar su escudo térmico en la posición adecuada y soportar el impacto de las altísimas temperaturas.
La precisión fue decisiva. Especialistas habían advertido que el ángulo de entrada debía ser exacto, con un margen de error mínimo, para evitar que la nave rebotara en la atmósfera o sufriera daños severos durante el descenso. Orión alcanzó la interfaz de entrada a 122 kilómetros de altitud, iniciando una caída controlada que pondría a prueba todos sus sistemas de protección.
El escudo térmico fue protagonista en este tramo final. Al atravesar la atmósfera terrestre, la cápsula estuvo expuesta a temperaturas cercanas a los 2 mil 700 grados centígrados. La pieza había sido objeto de atención especial desde la primera misión Artemis no tripulada, por lo que el desempeño observado en este retorno representó una prueba crucial para la viabilidad del programa.
Desde el ingreso atmosférico hasta el amerizaje transcurrieron apenas 13 minutos. Durante ese lapso, la cápsula perdió completamente comunicación con la Tierra por seis minutos, un apagón esperado debido al plasma generado por el rozamiento extremo con la atmósfera, que bloquea temporalmente las señales de radio.
Orión ingresó a más de 40 mil kilómetros por hora y utilizó la propia atmósfera como freno natural. Diseñada para desacelerar por arrastre, la cápsula soportó fuertes sacudidas mientras reducía velocidad de forma gradual para mantener condiciones soportables para la tripulación. Después se desplegaron dos paracaídas piloto, que estabilizaron la nave antes de la apertura de los paracaídas principales a una altitud de aproximadamente 1.8 kilómetros.
Welcome home Reid, Victor, Christina, and Jeremy! 🫶
— NASA (@NASA) April 11, 2026
The Artemis II astronauts have splashed down at 8:07pm ET (0007 UTC April 11), bringing their historic 10-day mission around the Moon to an end. pic.twitter.com/1yjAgHEOYl
Con ello, la velocidad descendió hasta permitir un amerizaje suave de alrededor de 32 kilómetros por hora en el Pacífico. Tras tocar el agua, airbags de color naranja ayudaron a colocar la cápsula en posición vertical, facilitando las labores del equipo de recuperación, que aguardaba frente a la costa de California.
Con esta misión concluida, la tripulación de Artemis II se integra a un grupo muy reducido de astronautas que han volado alrededor de la Luna. Más allá del logro técnico, el regreso exitoso de Orión confirma que el programa lunar estadounidense avanza en una etapa decisiva, con la mirada puesta en nuevas misiones tripuladas y en el objetivo de consolidar la presencia humana más allá de la órbita terrestre.






