España. El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte lanzó una de sus críticas más severas contra la Real Academia Española, a la que acusa de haber abandonado su función normativa y cultural para someterse a lo que denomina “los talibanes del todo vale”. En una extensa reflexión publicada este domingo en el diario El Mundo, el autor sostiene que la institución ha renunciado, de facto, a su histórico lema de “limpia, fija y da esplendor”, optando por una actitud complaciente frente al deterioro del idioma.
Pérez-Reverte lamenta que la RAE se haya replegado hacia posiciones meramente descriptivas, dejando de ejercer autoridad normativa por “miedo a parecer elitista, conservadora o excluyente”, en un contexto cultural dominado –afirma– por la corrección política, la presión mediática y las modas ideológicas. A su juicio, esta renuncia ha dejado al idioma español a merced de usos vulgares, errores repetidos y banalizaciones promovidas desde redes sociales, titulares apresurados y discursos políticos.
En su texto, el académico denuncia una división interna dentro de la RAE entre lingüistas y escritores, donde estos últimos –a quienes considera “trabajadores naturales del idioma”– han sido progresivamente marginados de la toma de decisiones. Señala que el actual modelo privilegia la frecuencia de uso por encima de la calidad, confundiendo popularidad con corrección. “Todo vale y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez”, advierte.
Parte central de la crítica apunta a la actual dirección de la Academia, encabezada por Santiago Muñoz Machado, a quien Pérez-Reverte reconoce logros relevantes, como el fortalecimiento panhispánico y la recuperación financiera de una institución que –afirma– fue asfixiada durante el gobierno de Mariano Rajoy. No obstante, sostiene que bajo su mandato se ha roto el equilibrio histórico entre creación literaria y técnica lingüística, y que los debates de fondo han desaparecido de los plenos académicos.
El escritor considera especialmente grave la pérdida del “esplendor”, entendido no sólo como corrección gramatical, sino como defensa de la riqueza cultural, literaria y simbólica del español. Critica que la RAE haya adoptado un registro cada vez más coloquial y superficial en su comunicación pública, adaptándose al lenguaje de redes sociales y renunciando a ejercer liderazgo intelectual frente a la avalancha de anglicismos, tecnicismos innecesarios y empobrecimiento léxico.
Otro punto sensible es la relación de la Academia con el debate político, particularmente en torno al llamado lenguaje inclusivo. Pérez-Reverte acusa a la RAE de guardar silencio para no incomodar al poder político, una actitud que –dice– se traduce en debilidad institucional. En este contexto, recuerda que las posiciones más firmes han quedado en manos de iniciativas individuales de algunos académicos, en lugar de una postura clara y colectiva.
La crítica del novelista coincide parcialmente con la expresada en octubre pasado por Luis García Montero, titular del Instituto Cervantes, quien dijo extrañar una RAE liderada por grandes filólogos y figuras de la cultura. No obstante, Pérez-Reverte respondió entonces acusando a sectores gubernamentales de intentar “colonizar” la Academia y ponerla al servicio de intereses políticos.
Con 23 años como académico, Pérez-Reverte concluye que la RAE no pierde autoridad porque la lengua evolucione, sino porque ha dejado de señalar errores, de fijar criterios y de aspirar a la excelencia. A su juicio, una lengua que renuncia al rigor y a la belleza termina empobreciendo no sólo la escritura, sino también el pensamiento. La advertencia, subraya, no busca negar la historia ni la utilidad de la Academia, sino prevenir una crisis que amenaza el prestigio y la grandeza del español.






