El proceso electoral 2026-2027 apenas comienza y en Querétaro la disputa por la Gubernatura empieza a tomar forma. Aunque todavía falta camino por recorrer, dos nombres concentran buena parte de la atención política: Felipe Fernando Macías Olvera, conocido como Felifer Macías, por el Partido Acción Nacional (PAN), y Santiago Nieto Castillo, por Morena.
El pasado 16 de octubre inició formalmente el proceso electoral local y, apenas nueve días después, el PAN designó a Felifer Macías como coordinador estatal para la Defensa de la Libertad, la Patria y la Familia. Una responsabilidad partidista que lo coloca en una posición relevante rumbo a la definición de la candidatura al Gobierno del Estado.
Semanas antes, Morena había dado un paso semejante con Santiago Nieto, nombrado coordinador de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación. Dos designaciones que, sin constituir todavía candidaturas oficiales, permiten identificar a los principales protagonistas de una contienda que marcará el futuro político de Querétaro.
Los demás partidos mantienen pendientes sus definiciones; sin embargo, el escenario que comienza a configurarse apunta hacia una competencia en la que Acción Nacional y Morena buscarán concentrar el mayor respaldo electoral.
Para el PAN, el principal desafío comienza dentro de casa. Felifer Macías tendrá que demostrar que su designación puede convertirse en un punto de encuentro para las distintas expresiones del panismo queretano. No bastará con el respaldo de las estructuras partidistas ni con la presencia pública que ha construido desde la presidencia municipal de Querétaro; la cohesión interna, la interlocución con los liderazgos regionales y la capacidad para incorporar a ciudadanos sin militancia serán factores determinantes.
Las encuestas, cuyos resultados deberán analizarse conforme a sus fechas y metodologías, forman parte de la discusión política; pero ninguna medición sustituye el trabajo territorial, la construcción de acuerdos ni la confianza ciudadana.
Acción Nacional enfrenta, además, una responsabilidad particular: presentar un balance convincente de sus administraciones y explicar qué proyecto ofrece para los próximos seis años. La continuidad política, por sí sola, no constituye una propuesta de gobierno; debe estar acompañada de resultados verificables, capacidad de autocrítica y respuestas a las demandas de una sociedad cada vez más exigente.
Del otro lado, Santiago Nieto enfrenta un desafío de distinta naturaleza. Morena deberá resolver no solamente sus diferencias internas, sino también la distribución de candidaturas y espacios políticos entre sus propias corrientes y sus posibles aliados del Partido Verde y del Trabajo.
La pluralidad de grupos que conviven alrededor de la autodenominada Cuarta Transformación puede representar una fortaleza organizativa, pero también convertirse en un factor de desgaste si las decisiones partidistas dejan inconformes a sectores relevantes. La experiencia electoral demuestra que las divisiones internas pueden modificar significativamente una competencia.
En ambos casos, las dirigencias tendrán que comprender que una candidatura no equivale a una unidad automática; los acuerdos construidos antes de las campañas suelen ser tan importantes como las propuestas presentadas durante ellas.
Felifer y Santiago representan dos proyectos políticos distintos, con trayectorias, respaldos partidistas y visiones de gobierno que deberán someterse al escrutinio público. La discusión no tendría que limitarse a sus posibilidades electorales, sino extenderse a temas fundamentales para Querétaro: seguridad, desarrollo económico, disponibilidad de agua, movilidad, educación y calidad de los servicios públicos.
También será necesario observar el papel de los demás partidos. Aunque hoy la atención se concentre en dos figuras, las decisiones que adopten otras fuerzas políticas podrían modificar las alianzas, las candidaturas y la composición de la próxima Legislatura local.
Querétaro ha construido una identidad política y económica particular, asociada con la estabilidad institucional, la inversión y el desarrollo productivo; preservar sus avances, corregir sus deficiencias y responder a los desafíos de crecimiento debe ser una responsabilidad compartida, independientemente de quién encabece el próximo gobierno.
La competencia electoral será, inevitablemente, intensa; pero sería un error reducirla a una confrontación de siglas o a una disputa entre estructuras partidistas. Los queretanos merecemos conocer proyectos, contrastar resultados y exigir compromisos concretos.
Octubre de 2026 quedará como el mes en que comenzó formalmente el camino hacia la sucesión gubernamental. Felifer Macías y Santiago Nieto ocupan ya posiciones centrales en ese proceso, pero todavía deberán superar las etapas de definición interna y demostrar su capacidad para convocar más allá de sus respectivos partidos.
La carrera por Querétaro ha comenzado. La verdadera prueba será convertir las aspiraciones personales y partidistas en proyectos capaces de responder a las expectativas de los ciudadanos.




