Querétaro. El Acueducto de Querétaro cumple en 2026 tres siglos del inicio de su construcción, consolidado como uno de los símbolos más representativos de la ciudad y como parte del patrimonio histórico que ha dado identidad, prestigio y proyección internacional a la capital queretana.
La obra, iniciada en 1726, nació como una solución hidráulica para llevar agua limpia desde los manantiales de La Cañada hacia la ciudad. Con el paso del tiempo, dejó de ser únicamente una infraestructura funcional para convertirse en emblema arquitectónico, referencia cultural y testimonio vivo del desarrollo urbano de Querétaro.
El presidente municipal de Querétaro, Felipe Fernando Macías Olvera, destacó que este monumento representa un motivo de orgullo para las y los queretanos, tanto por su valor arquitectónico como por el legado histórico que resguarda, por lo que subrayó la importancia de mantener acciones permanentes de cuidado y preservación.
La promoción, construcción y financiamiento de esta obra estuvieron a cargo de Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, tercer Marqués de la Villa del Villar del Águila en Querétaro, figura clave en la consolidación de una infraestructura que hoy forma parte de la memoria colectiva de la ciudad. De acuerdo con el cronista municipal Lauro Jiménez, el Acueducto constituye “la historia viva de Querétaro”.
El monumento está integrado por 74 arcos distribuidos a lo largo de mil 280 metros, con una altura de más de 28 metros, en su punto más alto, características que lo mantienen como una de las obras coloniales más reconocibles del país.
La conmemoración de los 300 años coincide además con el reconocimiento internacional de Querétaro como uno de los 52 destinos imperdibles del mundo para 2026, dentro de la selección anual “52 Places to Go” de The New York Times, donde la ciudad destaca por su historia, cultura, gastronomía y conservación de su traza colonial.
Con este aniversario, Querétaro reafirma el valor de su patrimonio histórico frente a las nuevas generaciones, en un contexto donde la preservación de la identidad local se vuelve fundamental para mantener viva la herencia cultural que distingue a la ciudad dentro y fuera de México.






