Ciudad de México. La presidenta Claudia Sheinbaum propuso a Roberto Velasco Álvarez como nuevo titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), tras la salida de Juan Ramón de la Fuente por motivos de salud. El relevo todavía debe pasar por el Senado, que en los próximos días iniciará el proceso de ratificación, en medio de un escenario internacional especialmente delicado para México.
La decisión no es menor. El cambio en la diplomacia mexicana ocurre cuando la relación con Estados Unidos exige definición, oficio político y firmeza institucional. Entre los asuntos que pesan sobre la agenda bilateral se encuentran la revisión del T-MEC, la presión en materia de seguridad, la migración y los temas fronterizos, rubros en los que Velasco ya venía operando desde la estructura de la propia Cancillería.
Agradezco profundamente la confianza de la presidenta @Claudiashein por designarme como secretario de Relaciones Exteriores.
— Roberto Velasco Álvarez (@r_velascoa) April 1, 2026
Al dr. Juan Ramón de la Fuente, mi más alta consideración y reconocimiento por el trabajo realizado al frente de la @SRE_mx.
Si el @senadomexicano tiene… https://t.co/PV3stVuRmH
Roberto Velasco Álvarez es licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Chicago. Su trayectoria reciente lo colocó en el primer círculo de la política exterior mexicana: desde junio de 2020 encabezó la agenda de América del Norte dentro de la SRE y posteriormente fue elevado a subsecretario del ramo. Su perfil oficial también le atribuye la conducción de negociaciones bilaterales y trilaterales en temas de seguridad, movilidad humana, economía, frontera y aguas compartidas.
Antes de ese encargo, entre diciembre de 2018 y mayo de 2020, se desempeñó como director general de Comunicación Social de la propia Secretaría de Relaciones Exteriores. Durante su estancia académica en Chicago, además, fue editor en jefe de Chicago Policy Review, publicación de estudiantes de la Escuela Harris, y colaboró en la oficina del alcalde de esa ciudad. A ello se suma experiencia previa en distintos niveles de gobierno en México, con cargos en la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal, la delegación Miguel Hidalgo y la Secretaría de Economía.
El antecedente inmediato también explica el movimiento. En noviembre pasado, Velasco quedó al frente de la Cancillería de manera provisional, luego de que De la Fuente solicitó licencia para someterse a una intervención quirúrgica. Ahora, con la salida definitiva del exrector de la UNAM por razones médicas y de rehabilitación, Sheinbaum optó por un cuadro que conoce de cerca la relación con Washington y Ottawa, justo cuando la política exterior mexicana enfrenta una etapa de mayor presión.
A sus 38 años, Velasco se convertiría en una de las caras más jóvenes al frente de la diplomacia mexicana en tiempos recientes. Su nombramiento ha sido leído desde dos frentes: por un lado, como una apuesta del oficialismo por un perfil técnico con experiencia puntual en América del Norte; por otro, como una designación que genera reservas entre la oposición, que ha cuestionado el desempeño reciente de la política exterior y exige que el Senado no convierta el trámite en una ratificación automática.
Desde la óptica del bloque opositor, el relevo llega en un momento en que México necesita mayor presencia internacional y una interlocución más sólida con socios estratégicos. Los señalamientos han apuntado a una supuesta debilidad diplomática frente a Estados Unidos y a la falta de resultados de alto perfil en el primer tramo del actual gobierno. Sin embargo, desde el oficialismo se insiste en que Velasco conoce a fondo los expedientes más sensibles de la relación exterior y que su ascenso responde a una lógica de continuidad operativa, no de improvisación.
En los hechos, el Senado tendrá la última palabra, aunque Morena y sus aliados cuentan con los votos suficientes para sacar adelante la ratificación. Más allá de la correlación parlamentaria, el proceso servirá para medir dos cosas: la capacidad del nuevo propuesto para defender con solvencia los intereses nacionales y la seriedad con la que el Poder Legislativo asuma una designación clave para la política exterior del país. En un entorno internacional áspero, la Cancillería no admite curva de aprendizaje prolongada. México necesitará una conducción que combine conocimiento técnico, claridad política y sentido de Estado.






