Tequisquiapan. Salir de la ciudad para recorrer viñedos se ha convertido en una de las principales experiencias turísticas de Querétaro. La promesa de degustar vino, disfrutar de paisajes campiranos y compartir una comida en espacios de estilo hacienda ha impulsado el crecimiento de este sector en los últimos años; sin embargo, no todos los lugares cumplen con las expectativas que ellos mismos promocionan.
Uno de los casos que deja más dudas entre visitantes es el viñedo Tierra de Alonso, un espacio que ofrece recorridos, restaurante y venta de productos artesanales como quesos, salsas y vinos, pero cuya operación parece carecer de coordinación y atención básica al cliente.
Desde la llegada al lugar comienzan los problemas. Visitantes denuncian falta de orientación, ausencia de personal capacitado para brindar información y una evidente desorganización entre las distintas áreas. Las empleadas de la tienda aseguran “no saber nada” sobre el restaurante, mientras que el personal encargado de las visitas guiadas tampoco puede orientar adecuadamente a quienes buscan consumir alimentos en el sitio.
La situación provoca confusión entre turistas que visitan por primera vez el viñedo, pues incluso localizar el restaurante resulta complicado debido a su ubicación poco visible de la recepción del mismo y a la inexistencia de un protocolo mínimo de recepción.
Aunque el espacio del restaurante conserva cierto atractivo visual con una ambientación campestre, la experiencia termina deteriorándose por el servicio deficiente. Comensales reportan alimentos sin sazón, atención poco amable por parte de las meseras y una evidente falta de cuidado en áreas básicas como los baños, donde predominan malos olores y condiciones poco agradables para los visitantes.
La industria vitivinícola queretana ha trabajado durante años para posicionarse como un referente nacional en turismo gastronómico y enológico; sin embargo, experiencias como la de Tierra de Alonso terminan afectando la imagen de todo el sector, especialmente cuando el servicio queda muy lejos de las expectativas que se ofrecen al público.
Porque en el turismo no basta con tener viñedos, barricas y copas de vino: la diferencia real está en la atención, la calidad y el respeto al visitante.






